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Voice from the Waves Samantha Lopez
La flamante ley no solo baja la edad de punibilidad (abarcando a jóvenes de entre 14 y 18 años), sino que introduce un abanico de sanciones alternativas a la prisión, tales como amonestaciones, servicios comunitarios, reglas de conducta, monitoreo electrónico y la reparación del daño a la víctima. Asimismo, fija un tope máximo de 15 años para las penas privativas de la libertad, prohíbe de manera expresa la prisión perpetua para menores de edad y exige la separación obligatoria de los adultos en establecimientos especializados que garanticen educación y capacitación laboral.
Pese a estos contrapesos orientados a la resocialización, la reforma ha reabierto un profundo debate en la sociedad. Por un lado, organismos de derechos humanos y académicos cuestionan que una respuesta penal más temprana logre reducir el delito, insistiendo en que el foco debe mantenerse en la prevención y la inclusión social. Por otro, operadores judiciales y magistrados advierten sobre el riesgo de una mayor judicialización y la falta crónica de infraestructura y personal especializado para absorber el incremento de causas.
En el plano local, el debate adquiere matices propios. Mientras que desde el gobierno de Santa Fe, a través de la vocera provincial Virginia Coudannes, se aseguró que la provincia cuenta con «la infraestructura, los cargos, las oficinas y los recursos humanos» necesarios (respaldándose en estadísticas a la baja en materia de homicidios y un fuerte enfoque contra el microtráfico), voces legislativas y del ámbito jurídico llaman a la cautela.
Entre ellas, el diputado provincial y abogado Emiliano Peralta advirtió que no se debe «vender humo o tanto espejito de colores» ni plantear la norma como una solución mágica. Si bien Peralta coincide conceptualmente con la necesidad de bajar la edad de imputabilidad, pone bajo lupa la verdadera capacidad operativa de la provincia para garantizar una reinserción real. Su mayor temor radica en que, ante la falta de establecimientos adecuados, el paso por el sistema penal termine funcionando como un círculo vicioso que devuelva a los jóvenes a la sociedad con conductas delictivas aún más graves.
La puesta en marcha de la Ley 27.801 marca el fin de un sistema anacrónico, pero inaugura un escenario complejo. El verdadero éxito de esta normativa no se medirá únicamente en la capacidad del Estado para dictar condenas a partir de los 14 años, sino en su aptitud para evitar que el sistema penal se convierta en un loop de reincidencia y en una trampa sin salida para los sectores más vulnerables.
Ley-27.801
Escrito por Gabriel Sanchez
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