La Albiceleste comienza a transitar un período de reestructuración profunda de cara a 2027. Tras el subcampeonato en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026, y las confirmadas despedidas de referentes históricos como Lionel Messi y Nicolás Otamendi, el cuerpo técnico campeón del mundo en Qatar 2022 sufrirá su primera gran baja: Walter Samuel no continuará en su cargo para iniciar su carrera como entrenador principal. Esta salida se da en un marco de total hermetismo respecto a la continuidad del propio Lionel Scaloni.
El adiós de una pieza clave estratégica
A partir del próximo año, el staff técnico de la selección mayor ya no contará con el «Muro». Samuel, quien se sumó al equipo de trabajo en agosto de 2018 por pedido expreso de Scaloni, tomó la decisión de dar un paso al costado para comenzar su propio camino como director técnico.
A lo largo de estos ocho años, el exfutbolista de 48 años cultivó un perfil bajo, pero se consolidó como el ayudante de campo principal, ubicándose como una voz de consulta permanente por encima de Pablo Aimar y Roberto Ayala. Su rol era vital no solo en el diseño de las jugadas de pelota parada, sino en la toma de decisiones tácticas durante los encuentros. Incluso, llegó a dirigir al equipo en cancha durante la Copa América 2024 ante la suspensión de Scaloni.
Si bien a lo largo del ciclo recibió ofertas del fútbol italiano, suizo y del ámbito local (incluido Boca Juniors), Samuel siempre priorizó la selección. Hoy, siente que es el momento de dar el salto, dejando vacante un puesto para el cual ya suena Diego Placente, actual técnico de la Sub 20, en caso de que el actual proyecto continúe.
La incógnita Scaloni: ¿energía para una nueva era?
La reestructuración del cuerpo técnico está sujeta a una decisión aún más trascendental: la continuidad de Lionel Scaloni. El contrato del entrenador finaliza el 31 de diciembre y, aunque la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) ya le extendió una oferta formal de renovación, la respuesta sigue en suspenso.
El escenario cambió drásticamente tras la derrota ante España en la final del Mundial 2026. Lo que antes de la Copa del Mundo parecía un acuerdo inminente entre el presidente de la AFA, Claudio Tapia, y el representante del DT, Matías Aldao, hoy es un mar de dudas. Tapia considera a Scaloni como «el plan A, B y C», e incluso desde la asociación desmienten que existan deudas atrasadas por los premios mundialistas, asegurando que la demora entra en los plazos legales pautados.
El verdadero freno para la firma pasa por una cuestión de desgaste y motivación. Scaloni se enfrenta al inmenso desafío de reconstruir a un equipo que ya no tendrá a su capitán, Lionel Messi, ni a su baluarte defensivo, Nicolás Otamendi. A esto se le suma un calendario complejo: al estar clasificada automáticamente para el Mundial 2030 como país co-anfitrión de los partidos inaugurales, la participación de Argentina en las eliminatorias sudamericanas es incierta, lo que obligaría a buscar amistosos de máxima exigencia para mantener el nivel competitivo.
Lo que viene: una agenda sin confirmaciones
La próxima ventana internacional se abrirá el 21 de septiembre. Se espera que Scaloni aterrice en Ezeiza la semana entrante para comandar los entrenamientos y, fundamentalmente, para sentarse a dialogar cara a cara con Claudio Tapia. Esta cumbre será clave para definir el rumbo de la selección nacional.
Mientras tanto, la agenda deportiva inmediata también presenta desprolijidades. Argentina proyecta disputar tres amistosos en septiembre y octubre (ante Bolivia y Burkina Faso en Córdoba, y frente a Benín en el Monumental), pero la oficialización está trabada. La AFA busca que la FIFA reconozca estos encuentros para que los jugadores sancionados puedan cumplir sus fechas de suspensión, un trámite burocrático complejo si los rivales no cumplen con los requisitos de jugar dentro de una misma confederación en la ventana establecida.
Incertidumbre en el banco, transición en la cancha y desajustes en el calendario. La Selección Argentina enfrenta su mayor punto de inflexión de los últimos ocho años, a la espera de que su líder decida si tiene las fuerzas necesarias para capitanear la próxima gran travesía.
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